Porque menos es más.
Mientras estuve asistiendo a talleres cerámicos ajenos, no sabía qué pasaba con los restos de la arcilla y piezas deformadas que dejaba acumulándose en un gran cubo con agua. En ese entonces las ansias y el foco estaban en amasar bien, centrar las pellas en el torno y conseguir hacer cuencos y cilindros decentes.
Todo cambió el día que compré mi propio torno y la arcilla para tornear en casa. Recuerdo que le pregunté a Rhoda qué hacer con las “virutas” de arcilla del retorneado. Su respuesta fué que lo tirara a la basura y me quedé con cara de idiota pensando que o bien no me había entendido o no quería compartir conmigo información. A los días, le hice la misma pregunta a Madeleine, su hija y socia, y me explicó cómo lo hacen: mayormente dejan secar la arcilla completamente, la rompen en trozos pequeños y la pulverizan con mortero para luego hidratarla y hacerla plástica. Y lo empecé a hacer, así, pulverizando con mortero.
En el Atelier Le Pot, la dejaban acumulando en un cubo de agua porque sólo trabajaban al torno y los restos eran muy muy plásticos. Hay quien dice que el agua aporta a la arcilla organismos que la enriquecen y que los chinos y japoneses incluso echan restos de comida para crear aún más organismos. El acumular la arcilla en agua, con el tiempo empieza a oler muy mal (se le puede echar lejía para eliminar olores) y las “virutas” y restos de piezas y arcilla que no han secado, se vuelven más plásticos pero no se deshacen completamente, se van asentando en el fondo creando una capa “babosa” de arcilla con grumos, como la de arcilla estancada en la playa o ríos. También recuperarla es un poco más lento, porque hay que esperar que decante el agua para eliminar el exceso (con una galletera esto no es problema).

Mi primer torno fué un torno DABEB de segunda mano que me costó mil rands (al cambio 60 euros aprox.) Tenía no solo el color sino también el motor de un Ferrari. Esta foto la tomé el día que lo vendí, pesaba mucho para traerlo conmigo. Un muy buen torno.

«Virutas» del retorneado. Las recupero y coloco en un cubo para que sequen completamente antes de agregar agua.

Herramientas, plato y torno después del torneado. Menos agua en el torneado, menos que limpiar. Mucha agua hace más plástica la arcilla, más difícil de tornear.

A la izquierda, pasta líquida de arcilla sobre escayola, fíjate que empieza a despegarse del borde, ya casi está lista para reutilizar.
Personalmente, luego de haber probado ambos procesos, me quedo con la primera opción. Me gusta ser productiva así que intento optimizar las tareas. Lo mas productivo para mi (que no quiere decir que sea la mejor opción, simplemente pienso que es lo que más me conviene), es dejar secar la arcilla completamente y luego hidratarla sin preocuparme por pulverizarla ni hacer trozos pequeños, prácticamente la arcilla seca se deshace completamente sin dejar grumos y lo hace rápidamente, además asienta casi enseguida con lo cual el decantado es casi inmediato, así se puede eliminar el agua (o recuperarla) y conseguir una pasta líquida que se puede poner sobre la escayola a “deshidratar” para que recupere la plasticidad adecuada para trabajarla.
Haz esta prueba: deja una pieza secar por completo y colócala en un recipiente con agua, que la cubra un cuarto, verás cómo la pieza se deshace como si se derritiera.
Mira como lo hace Florian Gadsby.
Así que estás son las tres R: Reduce, reutiliza, recupera.
Reduce al mínimo las cantidades de materia que utilizas, agua, arcilla, esmaltes, etc. Ten cuidado con los residuos que produces, especialmente con materia prima como los óxidos metálicos que como el óxido de cobalto y el de manganeso, entre otros, son tóxicos para el medio ambiente. Estos óxidos también se decantan, se pueden recuperar en lugar de verter directamente por el desagüe. Ten a mano un recipiente en el que puedas por ejemplo limpiar los pinceles y deja decantar el agua para reutilizar la materia prima.
Recupera el agua del cubo que usas para retornear. Déjalo decantar completamente, introduce un tubo hasta llenarlo de agua, tapa los orificios de los extremos y saca un extremo y baja ese lado para dejar que la gravedad haga el resto. Esa agua puedes utilizarla para tornear, para hidratar arcilla o para limpiar.
En este video vemos a Nano Unzueta lavando cenizas* para hacer sus Esmaltes de cenizas y a partir del minuto 1:32 o 2:20 vemos cómo se puede recuperar el agua decantada utilizando un tubo de plástico. *(evidentemente el agua decantada del lavado de cenizas no se recupera ya que es como una lejía, por eso usa guantes).
Particularmente al terminar de tornear, primero me limpio las manos escurriendo la arcilla de las manos en el cubo de agua de torneado y las termino limpiando con un trapo. Limpio también el exceso de arcilla acumulada de mis herramientas de torneado en el mismo cubo de agua. Con el trapo escurrido, elimino del torno la mayor cantidad posible de arcilla reutilizando la misma agua “sucia” hasta que el torno queda “seco”, entonces lo limpio usando un trapo y agua limpia. Es así como reduzco el consumo de agua potable al mínimo, pero es mi manera particular de hacerlo.
Este año hemos sufrido la peor sequía en muchos años, nuestros embalses de agua potable estan por debajo de los niveles mínimos. A estas alturas de la historia de la humanidad, la sostenibilidad y el reciclaje, tendrían que estar tatuados en nuestro ADN y en nuestra conciencia. Hay que cuidar de nuestro medio ambiente y respetarlo para aprovechar sus recursos. Todo empieza en casa, por muy pequeño gesto que sea, cada gota cuenta. Menos es más.
